Casi todo el riesgo de usar lentes de contacto está concentrado en unos pocos hábitos, y la mayoría de la gente falla siempre en los mismos. Esta es la versión corta de lo que de verdad importa, en orden de cuánto cambia su riesgo.
1. Nunca use agua. Ninguna.
Ni del grifo, ni embotellada, ni destilada, ni saliva. El agua del grifo puede contener Acanthamoeba, un microorganismo que provoca una queratitis extremadamente dolorosa y difícil de tratar, y que en los peores casos termina en trasplante de córnea.
Esto incluye tres situaciones que la gente no asocia con el riesgo:
- Enjuagar el estuche con agua del grifo
- Ducharse con los lentes puestos
- Nadar con lentes, en piscina, mar o jacuzzi
Si se le acabó la solución, no improvise: use anteojos esa noche. Un lente desechado cuesta mucho menos que una infección corneal.
2. Frote el lente, no solo lo enjuague
Aunque la solución diga «no frotar», frote. Entre veinte y treinta segundos por cada cara, con solución fresca en la palma. La fricción mecánica retira depósitos y biopelícula que el remojo por sí solo no elimina, y los estudios de cumplimiento muestran que este solo paso reduce de forma sustancial la carga microbiana del lente.
3. La solución se tira y se repone, nunca se rellena
Rellenar («topping off») el estuche con solución nueva sobre la usada es uno de los factores de riesgo más consistentemente asociados a infección. La solución gastada ya no tiene capacidad desinfectante y usted acaba de diluirla en lugar de reemplazarla.
Cada mañana: vacíe el estuche, frótelo con solución, séquelo boca abajo sobre un papel limpio. No lo cierre húmedo.
4. Cambie el estuche cada tres meses
El estuche es donde vive la biopelícula, y es la parte más barata del sistema. Tres meses es el intervalo habitualmente recomendado. La mayoría de los envases de solución traen uno nuevo, así que el reemplazo suele ser gratis.
5. Respete el calendario de reemplazo
Un lente mensual usado durante seis semanas no es un lente mensual: es un lente degradado, con depósitos acumulados y menor transmisión de oxígeno. «Todavía se siente bien» no es un criterio: el daño por hipoxia no duele mientras ocurre.
Si estirar el calendario es una decisión económica, mire primero el precio real. La diferencia entre tiendas para la misma caja llega al 50 o 90 por ciento, y eso suele resolver el problema mejor que estirar el uso. Está todo en nuestro índice de precios, y hay reembolsos de fabricante que casi nadie cobra.
6. No duerma con ellos salvo indicación expresa
Dormir con lentes multiplica el riesgo de queratitis microbiana: aproximadamente 20 casos por cada 10.000 usuarios al año frente a 2 a 4 en quienes los retiran cada noche. Que un lente esté aprobado para uso prolongado no significa que sea la mejor opción para usted.
7. Las manos, primero y siempre
Lávese con jabón y séquese con una toalla que no suelte pelusa antes de tocar un lente. Es el paso más obvio y el que más se omite con prisa.
La regla que resume todo
Si un ojo está rojo, le duele o le molesta la luz: saque el lente y no vuelva a ponérselo hasta que lo revisen. Casi ninguna complicación grave empieza sin aviso. Empiezan exactamente así, y la diferencia entre un susto y un problema serio suele ser cuántas horas siguió usando el lente.
Esto es información general, no consejo médico, y no sustituye un examen. Revisado por la Dra. Teresita Bollar, OD. Contact Lens HQ no vende lentes de contacto.